Thursday, 18 July 2019

ORACION MILAGROSA





Señor Jesús, 
me presento ante ti; tal como soy.
te pido perdón por mis pecados,
me arrepiento de ellos,
por favor, perdóname.
En tu nombre perdono
a todos los que me han ofendido.
renuncio al pecado,
a Satanás, a los espíritus maléficos
y a todas sus obras.
Me entrego por completo a ti
con todo mi ser.
Señor Jesús ahora  y siempre,
te invito a entrar en mi vida
te acepto como mi Señor, Dios y salvador.
¡cúrame, cámbiame, fortaléceme,
en cuerpo, alma y espíritu!
Ven señor Jesús,
cúbreme con tu preciosa sangre,
y  lléname del Espíritu Santo.
te amo, Señor Jesús,
te alabo, Señor Jesús y te doy gracias.
te  seguiré cada día de mi vida.   
María Madre mía.
Reina de la Paz,
de los ángeles
y de todos los santos, ayúdame.
Amén.

TE CONSAGRO MI MENTE, SEÑOR




“No tomen como modelo a este mundo.
Por el contrario, transfórmense interiormente renovando su mentalidad,
a fin de que puedan discernir cuál es la voluntad de Dios:
lo que es bueno, lo que le agrada, lo perfecto.”.
Rom. 12,2

Al concluir tu momento de intimidad con el Señor, es importante no dejar que nada de ese tiempo precioso se pierda. Es bueno guardarlo como en un cofre fortificado para que el demonio no lo venga a saquear como el ave que come la semilla que cae a la vera del camino. Podemos hacer eso consagrando nuestra mente al Espíritu Santo.

Consagrar significa entregar, confiar, ceder, separar para el uso exclusivo de lo que es sagrado. Es decidir, de aquí en adelante, no usar más nuestra mente a no ser para el bien, para conocer la verdad y para agradar a Dios. Consagración que deberemos renovar siempre que estemos concluyendo esos 30 minutos en la presencia del Altísimo. Si quieres, puedes rezar la oración que sigue:

ORACIÓN DE CONSAGRACIÓN DE LA MENTE A DIOS.

Señor Jesús, así como consagraste tu vida al Padre, yo también vengo ahora a consagrarte mi mente y cada pensamiento en este día. Te entrego mi mente a ti, y la confío en tus manos, las someto a tu divino poder. Cedo a ti todas las posibilidades que en ella existen y me rehuso terminantemente a usarla a no ser para lo que es agradable a ti; o sea, para lo que es bueno y santo.


Te consagro todo mi ser, todo lo que tengo y soy. Me abandono en tus manos sin esconder nada (Una vez más coloca debajo de la luz de Dios, una a una, aquellas cosas sufridas, vergonzosas, incomodas, aquellas medias intenciones de ceder a una tentación, o todavía en aquellos proyectos particulares que tenemos recelo de que el Espíritu Santo los repruebe)

No reservo cosa alguna para mi. Pongo a tu servicio mi inteligencia, mi memoria y mi imaginación. Todo es tuyo. Que estén a tu disposición para el bien de mis hermanos, que trabajen para generar amor y sean fuente de alegría para todos.

Pongo también en tus manos mis cargas y preocupaciones. Que nada me perturbe y venga a minar mi confianza en ti. Te confío de antemano los pensamientos que pasarán por mi cabeza, las preocupaciones por mi sustento material y espiritual, con mi familia y las personas que amo. Te consagro cada pensamiento en este día y en cada uno de ellos te entrego mi pasado, mi presente y mi futuro.

Señor, inspírame aquello que debo pensar para que pueda discernir concretamente tu voluntad para mi vida en aquello que hago. Santifica mis ideas, recuerdos e imaginaciones. Inspírame los buenos propósitos. Despierta mi mente para aquello que debo hacer, muéstrame también lo que debo evitar.

Sé que tu me amas, cuidas de mi, por eso, desde ya, te agradezco por todo y acepto todo lo que me permitas vivir en este día de hoy. Creo firmemente en tu amor y confío incondicionalmente en tu divina Providencia. 

¡Amén!

Padre Nuestro que está en el Cielo…
Ave-María, llena de gracia…

Agradece al Señor por   Su presencia. Alábalo por Su bondad. Termina con una canción de alabanza que proclame la victoria del Señor.
Revístete de alegría y vive bien el día. 

Por la señal de la Santa Cruz, líbranos Dios, Señor Nuestro, de nuestros enemigos. 
En Nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.
¡Amén!